¿Y los árboles?





Me mecía en el columpio que colgué de mi árbol, la vida era silencio, silencio, y el viento era fresco.

Lúas llegaba ya con los libros preferidos de la semana para descartar las palabras importantes, y las frases más originales de cada uno.

Sabía que no había olvidado la canasta para hacer un picnic, la traía en su mano derecha, adentro cabían perfectamente siete sandwiches, dos tazas, cuatro bisquets, cinco flores y un termo con agua de jamaica.

Corría como si el viento le prohibiera el paso. ¡ Y allá iba!. Parecía que bailaba, parecía que quería hacerme reír. Y no puedo olvidar como cayó al suelo. Un hoyo en la tierra hizo que su pie se hundiera y chocara con una roca la cual hizo que se le partiera la uña. Giró incontrolablemente. Todo se salvo. Excepto él, de permanecer una hora sentado en el pasto, y el resto de la semana en cama.

Cuando llegué hacia el, dijo que mi cuaderno tuvo la culpa, que le distrajo la pequeña fotografía que escondía dentro. Y entonces pregunto:

- ¿Por qué escribes?

- Trato de no olvidar a alguien, y la única manera de hacerlo es escribiendo.

- ¿Y si algún día, se diera la ocasión y perdieras tu brazo derecho con el que escribes? - pregunto como casi un susurro, mientras se quitaba el pasto que conservó su zapato -

- Pues aprendería a usar la izquierda - le contesté-

- ¿Y no crees que para ese entonces ya lo habrías olvidado?

- No, pues ya hubiese utilizado mi nariz para escribir en mi ipod...


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