.Así será mi muerte.



Junio. En la Ciudad de los Palacios el asfalto arde. Desde las jardineras que están en Bellas Artes, el verde revienta en la cara de los peatones.


"Un libro, un libro, para leer en el rincón...", en eso piensa Abril, que acaba de cruzar la Alameda y avanza hacia el Palacio de Telecomunicaciones como quien no quiere la cosa, paso pasito, gallo gallina, como si los zapatos del tres -piel Capa de Ozono- no le apretaran ya; como si no le faltaran quince minutos para volver a llegar tarde a la cita contigo; como si el sudor no hubiese manchado ya su blusa floreada; como si no estuviera calculando que se hiciera a un lado el bolero y el policía para arrancarle un pedazo al patrimonio nacional.


Junio en la Ciudad de los Palacios; los jinetes asumen posiciones. ¡ Y arrancan ! Abril toma la delantera, policía le sigue muy de cerca; bolero ve detrás y exige que le paguen; Abril aprieta el paso y esquiva a dos turistas franceses; Policía galopa sin freno; Bolero se va quedando en el fondo. ¡ Que carrera señores, que carrera ! Abril sigue adelante y alcanza a ver la meta: sabe que cruzará el Eje Central y se perderá entre los autos y los peatones.


El policía luce alterado, pero no cede a recibir dinero para dejarlos escapar. Abril está a una nariz de la victoria. ¡ Y lo logra, damas y caballeros ! pone nariz, brazos, piernas y torso sobre la avenida y vuelve los ojos al cielo en señal de agradecimiento.


¡ OH dolor, oh recuerdo, oh esperanza !, la mirada se le petrifica por un nanosegundo en el trasero del albañil que esta colgado en un andamio, cepillándole la fachada al cementerio de las cartas perdidas. Y allá va Abril una vez más, impulsada no por sus ganas de triunfo, sino por el madrazo que le acomoda la bicicleta de reparto de "La esperanza".


Vuelan los bolillos, se aplastan las donas. Tres cuernitos golpean el camión de la Coca-Cola. Siete barrilitos y cuatro besos se embarran en el anuncio de Eruviel que lleva el camión que va a la villa. La niña pecosa que viaja en el asiento de enfrente mira todo a su alrededor a través de la ventana y le dice a su mamá que se le antoja un bisquet con un vaso de leche fría. El de la combi no ve venir las conchas por ir cambiando su casete de "Los Ángeles Azules" y se estampa en el Topaz. El del Topaz se jala los pelos y la corbata por que no ha terminado de pagar el auto. La señora del Stratus busca su telcel para avisar que no va a poder llegar a su comida y no se da cuenta de vocho amarillo que la alcanza por un costado.


Todos los panes y un rin de bicicleta ofrendan su vida sobre el asfalto. El repartidor no sabe si buscar los tres dientes que se le cayeron o salvar las teleras. Un sólo claxonaso, y un sólo corazón.


La falda azul cubre completamente la cara y el torso de esta heroína. Se exponen al sol y el ozono unas piernas en proporciones no tan delgadas y unas pantaletas que eran negras y ahora grises; que fueron grandes y ahora son chicas; que tuvieron resorte y ahora tenian una grapa y un seguro para pañal, perfectamente en su lugar.


El policía le quita los petalos de flores que quedaron en su cara y la cubre con una cobija que siempre carga para estos casos...


En la cabeza de Abril: silencio, silencio, silencio. Silencio en las alturas desde que se quedo en vacaciones a pensar que hacer el resto de su vida cuando iba en tercer año de secundaria. Y luego quedarse así retratando al mundo. Ni modo, le dije que no se pusiera esos calzones, pero me los puse. Ay, mejor quiero dormirme, mejor dormirme, pero me pican los vidrios y las piedras que se me quedaron en el cabello. Sí, es cierto, le apesta la boca al que me acomoda la cobija, pero por lo menos hace a un lado a los metiches. Que no se duerma. Que no cierre los ojos. Una vez leí en la revista QUO que un señor se fue a un viaje astral después de pegarse un golpe y luego ya no quiso regresar. Tengo miedo. No me duermo. Me cuesta trabajo por que los parpados me pesan.


Una señora trata de darme un trago de Coca caliente, pero tengo los dientes apretados. Que no se duerma. Que piense en algo bonito. Que se fije en aquellas rejas que se parecen a todos aquellos portones de las primarias a las que fue, por que su mamá siempre cambia de opinión sólo pensando en ella. Me acuerdo de los zapatos de charol, y del uniforme que cuidaba como mi vida, por que no me iban a comprar otro.


Me acuerdo que me dolía la cabeza por haber ejercido tanta fuerza en mi cabeza para quitarme ese chicle que me pegaron en la cabeza, y mi madre tuvo que llevarme hasta la puerta de la escuela, pero todos se rieron de su pijama y me di verguenza.


Se acuerda de que contó una vez tres semanas sin que nadie le dirigiera la palabra cuando iba en segundo año. Me acorde de cuando me invitaron a una fiesta, y junto con mi mamá buscamos el vestido perfecto para llevarlo ese día, pero cuando llegue a la puerta me dí cuenta de que me habían dado la fecha equivocada, sólo para hacerme una broma. Se acuerda a qué sabe la crema chantilly revuelta con lágrimas. Se acuerda de la maestra que le dijo que eso era la caridad cristiana. Me acuerdo cuando aquella monja me recojió cuando el niño me golpeo la cabeza y se abrió mi ceja.


Se acuerda de que te conoció y fue la persona más feliz por casi dos años. Y ahora sé que me voy a acordar de el dolor tan inmenso que tengo en la cabeza, y que algo calientito recorre desde por detrás de mi oreja hasta la nariz, terminando en mis labios sabiendo que esto es sagre..


Así fue junio, y el asfalto en Bellas Artes, arde.



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