Escribe


Abril escribe. Siente la culpa en las rodillas. Se gastó el último billete en un café y ahora está a punto de desperdiciar 2O minutos en una tontería, pero tal parecería que no le importara, pues ya había perdido mucho tiempo en los últimos 18 años.

Hasta el lápiz que va marcando el papel sabe a maldad. Escribe. Acerca de esto y aquello. Del verde del pasto y las mariposas en mayo. El café comienza a recorrerle el cuerpo. El aroma le envuelve la cabeza. Triste frío que no llega a ser. Escribe. Tenía que estar haciendo tarea. Podría rezar, limpiar su casa o meterse al gimnasio para perder los 15 kilos que le sobran, pero escribe.

De esto y de nada; del inicio al fin; sólo para sentir la tensión en los músculos del antebrazo, sólo para ensuciarse la mano con grafito; sólo para, pues sólo por.

En este momento se acercan dos, así como quien quiere la cosa. Traen los platos de comida en la mano. No hay mesas. En sus mentes ellos dicen:

-¡¿ No ves que no hay mesas?!, ¡¿ No ves que no hay tiempo?!, ¡Y tú te lo estas robando todo!, No ves que vemos, y nos queda claro que eres una ¡irresponsable!

Pero Abril se clava más en las curvas de la letra. Sobra decir que los ignora. ¡No la paren ahora que lleva impulso!. Escribe. Como fujitiva del infierno, como expatriada del cielo. Aunque sólo sea para que los ojos se te resbalen por la página. Aunque sólo sea para ver las letras aumentadas por el cristal de las lágrimas. Aunque sólo sea para acabarle las puntillas a este lapicero robado que no sabe fallar. Escribe para salvarte, para salvarnos...

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