Estaba por terminar esa edad que tanto odiaba, pero de la cual sabía que algún día quisiera revivirla.Éste día es el que de verdad me agrada más que otros días, más que la lluvia en éste mes, más que el café con cigarrillos porque era cuando podía estar en el "no sé qué" de mis sueños. Ansiaba que llegaran las doce para que mi mente se pusiera en blanco y volver a ver a la chica que se encargaba de contruir mis sueños.
Tenía algo de que quejarme, pues mis sueños no eran precisamente lo que queria que fueran.
Estaba por ver a la autora mágica de de mi sueño con un oso, y ahora sí podia pedirle lo que en todo este tiempo habia deseado ver. Estaba tan en mi mundo hablando conmigo mismo dentro de mi mente que no me dí cuenta de su presencia la cual admiraba un cuadro surrealista de un elefante que pertenecia a Salvador Dalí, fué entonces cuando volteó y me dijo:
- ¡Valla!, hasta que osaste calmar tu mente y percatarte de mi existencia.
- Estaba muy distraído, no creí que hubiese alguien acompañandome.
- Bien, no importa. Ahora cuéntame. ¿ qué quieres hacer hoy en tu mente?. Permaneceré aquí contigo hasta que tus ojos se abran y logres ver que ha aumentado un numero en tu vida. Entonces, dime, ¿qué se te ocurre?
- Quiero ver el cielo nocturno.
- ¿Desperdicias la posibilidad de ver lo imposible en tu cumpleaños para ver el cielo nocturno?
- He pasado demasiado tiempo dormido, y he estado tan ocupado que no he podido encontrar el"conejo blanco" en la luna, así que quiero verlo mientras tú estás aqui.
- De acuerdo, es tu mente y tu deseo..
De entre la esquina de este cuarto en blanco se esparcía como pintura la noche, cada vez se hacía más profunda y la luna aparecía frente a mis ojos más grande que como pudiera ver en el campo. Lo gatos se aparecían en las calles, y pronto me encontraba en el tejado de una casa.
Es curioso por que cuando voy la escuela comienzo a contar 1, 2, 3, 4, pero me desespero por que mi padre que es astronauta cuenta al revés: 4, 3, 2, 1, y grita: ¡Despegue a la luna!, pero tú, estando a mi lado no cuentas estrellas, ni cuentas el tiempo, sólo lees el cielo. Dime, ¿qué clase de persona se pone a leer el cielo más que tú?
- Léeme el cielo nocturno (te dije)
- No entenderás, él te dice cosas raras, del mismo raro a como soy yo.
- ¿Acaso son pájaros, pájaros hablando en ésta noche?
- Espero no te moleste pero, me agradan los pájaros. Quería contruir tu sueño pero como siempre alg sale mal y ahora aparecen ellos con su platica sobre el alpiste y la propiedad que deben alcanzar para hacer su nido en un árbol.
- No me molesta, de hecho me agrada, y lo acepto sólo si me lees el cielo nocturno
- ¡Pero que insistente eres!, sin embargo, lo haré. ¿Cuántas veces te has levantado y visto si en las venas de tus muñecas aún pasa la sangre?
- Nunca, nunca lo he hecho, ¿por qué?
- ¿Ves?, ese es el problema contigo, el cielo dice que debes asegurarte de que el por la mañana, al despertar, aún sigas respirando, y a tí ni te interesa saberlo.
- Si llega el día y no me doy cuenta de que ya no respiro, ¿qupe pasaría?
- Bueno, entonces siempre me podrpas ver y leer el cielo.
Había disfrutado realmente de mi sueño deseado en mi cumpleaños, y fue entonces cuando decidí dejar de respirar, y no encontrar los regalos de mis padres por la mañana, o leer los mensajes de felicitaciones escritos por mis amigos, sólo quise leer el cielo nocturno mientras los pájaros hablan con la autora mágica de mis sueños durante diecisiete años.

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