Cuando no tienes las palabras necesarias y oportunas.
Cuando temes perder al decir lo que no quieres. Cuando quieres probar si aquella alma es capaz de leer la tuya. Cuando no tienes valor para expresar lo más hermoso dentro de ti.
Cuando no puedes decir "no". Cuando sólo quieres alejarte sin dejar que alguien te comprenda. Cuando quieres decir a esa persona que la necesitas, pero que sabes que nunca estará contigo. Muchas veces basta una mirada.
Una mirada sostenida. Tus ojos sobre los ojos del otro. Adivinar el significado de los brillos. Leer el futuro inmediato más allá de la pupila. Quieres decir muchas cosas, pero aguántate las ganas. Aprieta los labios.
Permite que las ideas circulen sin que salgan al exterior. silencio. Alarga el espacio entre las preguntas y las respuestas. Deja que los músculos se dibujen en el rostro. Espera una señal de alerta. Mantén la respiración.
Piensa que el otro también piensa. Analiza. Espera callar para escuchar. Callar para mirar. Callar para aprender. Callar para callar. Callar, para convertir el silencio en un cómplice.
Para saber si el eco existe. Callar, porque no todo lo que nos conviene escuchar nos lo dicen al oído, con la
intimidad de una confesión, con el volumen de un grito, con el acento de las grandes revelaciones.
Callar para comprender que el silencio es el antifaz de los sonidos más hermosos. Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra.

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