No hablaré más de libros a la larga Guerra, sino caminaré junto a los espinos secos, hasta encontrar a un mendigo resguardándose del viento y llevar la conversación hasta que salga su nombre.
Si hubiera suficientes harapos sabrá su nombre, y le agradará mucho recordarlo, porque en los viejos tiempos tenia los elogios de los jóvenes y los viejos la culpaban, entre los pobres, ambos viejos y jóvenes la elogiaban.
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